ALMAS ROTAS EN LA ERA DE INTERNET

Por: Florencia Puddington

Hace poco, en una charla de escritores a la que asistí, Federico Falco reflexionó acerca de la literatura y cuestionó la lentitud con que llegan las transformaciones sociales en relación a otras artes más a tono con los cambios de idiosincrasia y cosmogonía, como el cine, por ejemplo. Se preguntó por qué en su último libro no habían aparecido elementos tecnológicos como internet o los smartphones, cuando, en la realidad que nos rodea no podemos escapar de ellos. Consideró que la literatura en general atrasa “por lo menos diez años”.
23754479 Sin embargo, no tuve que hacer mucho esfuerzo para que se me ocurriera una primera excepción a la regla que categóricamente esgrimía Falco: la novela que estaba terminando de leer: Purity, de Jonathan Franzen.
Tal vez un autor del exceso, Franzen no escatimó páginas (supera las 500, en su versión en inglés) ni personajes (los cuatro protagonistas despliegan un amplio abanico de parientes, amigos y conocidos, todos con su nivel de importancia).
Es una novela de muchas cosas, entre ellas de la tecnología y su influencia no siempre positiva asociada a la invasión de la intimidad y a la dificultad que, inmersos en el mundo virtual, tenemos para esconder secretos.
En síntesis, la novela cuenta la historia de cuatro personajes cuyas vidas en principio no tienen conexión pero que a medida que avanza la historia descubrimos los lazos que los vinculan voluntaria e involuntariamente. En primer lugar, Purity, que da nombre al libro, es una chica que está quebrada y endeudada por los gastos universitarios, que vive en una habitación alquilada con otros individuos tan quebrados y perdidos como ella, cuyo principal anhelo es descubrir su verdadera identidad; un secreto que su madre no está dispuesta a revelar: ¿quién es su padre? ¿dónde vive? ¿cuál es el verdadero nombre de su madre? ¿cuándo nació?
Por otro lado, Andreas Wolf es una especie de Julian Assange que luego del final de la Alemania socialista, logró hacer carrera como hacker y se convirtió en una suerte de héroe por denunciar oscuros secretos de gobiernos y multinacionales desde su Sunlight Project, una comunidad de seguidores de Wolf dedicada a surfear en las profundidades de la web para filtrar esos secretos en su sitio y por medio de otros periódicos online. Pero el terror de que un antiguo secreto salga a la luz lo persigue.
Por último nos encontramos con Leila Helou, una periodista que hace investigación en el diario Denver Independent junto a Tom, dueño del periódico online, quienes mantienen una extraña relación de pareja, por momentos tormentosa por la culpa y los celos que sobrevuelan continuamente sus vidas.
Es difícil hacer un análisis global de la novela por su extensión y su interminable desfile de personajes. El primer atractivo, quizás a fin de cuentas el más importante, es que el estilo a la vez despojado e ingenioso vuelve interesante la historia desde el primer momento.
Evidentemente, la tecnología y su presencia en la vida cotidiana (también en la vida política) es una marca de época, por lo que la novela puede ser analizada en ese sentido. Pareciera cuestionar los atributos de internet que, al menos, el occidentalismo todavía no deja de admirar. Su capacidad de divulgar historias y hacer circular información en segundos es también un problema cuando se trata de los aspectos más personales de los individuos. La era de internet funciona como espejo de la Alemania oriental en la que vivió Woolf, por lo difícil que es esconderse de la mirada del otro, acceder a una verdadera intimidad. ¿En este contexto, es posible guardar secretos?
Otro tema fundamental es la moral, la doble moral y la inmoralidad, sobre lo que los personajes reflexionan más de una vez. ¿Existe alguien moralmente incuestionable? La respuesta pareciera ser que no, aunque los protagonistas se atribuyen de alguna u otra forma este título.
A pesar de que se sienten éticamente virtuosos son moralmente ambiguos. Detrás de una imagen de integridad y honradez, esconden conflictos de intereses, personalidades contrariadas, dificultades para relacionarse con otros, inseguridad profesional o afectiva. Purity, pureza, es el nombre de la protagonista principal, pero también refleja la ambición de los personajes de ser moralmente “puros”: en las relaciones sociales, en el desempeño de la profesión, en el propósito de sus acciones. La búsqueda de la pureza moral o el amor más puro está destinada al fracaso y condena a los personajes a una insatisfacción permanente.
Pero de la novela se desprende también una reflexión acerca de la familia: Se deconstruye el concepto fundamental. Ningún personaje ha crecido en una familia bien constituida, tampoco han sido capaces de construir una para sí mismos.

Inseguridad y desconfianza son los verdaderos lazos a partir de los cuales se vinculan unos con otros. Las relaciones con sus padres han determinado muchos de los temores y carencias desde los que han construido sus personalidades. A pesar de los reproches que les endilgan, ninguno puede quebrar el vínculo con ellos. Pero al final, recibimos un hilo de esperanza para componer a estas pobres almas destrozadas. Tal vez sea la joven Purity la única capaz de romper con esta herencia desgraciada y quien pueda por fin, establecer una relación sana en base a la confianza y al amor con su pareja.
“Pip cerró la puerta nuevamente para bloquear las palabras, pero incluso con la puerta cerrada, podía escuchar la pelea. Quienes le habían dejado un mundo roto como legado, se estaban gritando cruelmente. Jason suspiró y le tomó la mano. Ella tomó la suya a su vez con fuerza. Debía ser posible hacerlo mejor que sus padres, pero no estaba segura. Solo cuando los cielos se abrieron de nuevo y la lluvia proveniente de la inmensa oscuridad del océano golpeteó en el techo del auto, haciendo que el sonido del amor ahogara al otro sonido, ella creyó que tal vez sería posible”.

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