CÓMO NARRAR EL TIEMPO

Por: Florencia Puddington

Si hay un tema recurrente en literatura, o bien se podría decir en el arte, es el tiempo. El paso del tiempo, el tiempo que construyó nuestro pasado, el tiempo en suspenso retratado en la agonía de la espera, el tiempo futuro; siempre un paso adelante nuestro.

9789507318283No es difícil de entender por qué. Nuestra vida está atada al tiempo: el biológico, que nos lleva indefectiblemente al envejecimiento; el histórico, que nos ubica en una era y condiciona nuestras posibilidades de ser de acuerdo a los parámetros culturales del momento.

       El espectáculo del tiempo de alguna manera viene a recordarnos eso: que estamos hechos de tiempo.

Juan José Becerra es periodista y también escritor de ensayos y ficciones entre las que destaca esta novela, editada en 2015. El espectáculo del tiempo narra la vida de Juan Guerra. De él diríamos que es un tipo común, pero su historia se nos presenta de un modo peculiar: hay dos o tres decisiones estilísticas que definen a la novela.

En primer lugar hay que mencionar que el tema del relato es el tiempo, no la vida de Juan Guerra. La concepción del tiempo como espectáculo proviene de la idea de que se trata de una magnitud física observable e identificable. El tiempo opera sobre las cosas y los individuos, y los transforma. Juan, sus padres, sus amigos, sus amantes son parte de ese espectáculo que es solo alcanzable a partir del recuerdo, de la memoria. Lo que se propone el autor entonces, es poner delante de nosotros este espectáculo, develando las manos que mueven los títeres.

Junto a este primer elemento hay que mencionar a la estructura elegida por el autor. La paradoja es que decide hablar sobre el tiempo de un modo no cronológico. No hay una narración lineal de los hechos. El texto hilvana anécdotas, recuerdos, episodios históricos, fragmentos escritos por otros e incluso artículos de diarios, de diversas épocas y la relación entre ellos está en la asociación libre que los entrelaza en la mente del protagonista. En la novela, cualquier hecho es disparador de un recuerdo que lleva a otro recuerdo y a otro más, de modo que se reconstruye para la mirada del lector, de forma fragmentaria, incompleta y desordenada, la historia de Juan y del puñado de personajes que forman parte de su vida. Será trabajo del lector entonces, reorganizar la historia, ubicando a los personajes y acciones en el orden correcto. Pero el resultado de la narración no lineal es que permite observar con más claridad los cambios de actitud de cada personaje y constatar la transformación que operó el tiempo en ellos.

Otro elemento particular es el narrador, una primera persona que adopta la voz de Juan Guerra a partir de quien observamos su propia evolución y cambio. Así en muchas ocasiones, discute con el recuerdo, hace acotaciones, revisa lo que pensó y sintió antes, reescribe desde un nuevo punto de vista.

La estructura caótica del relato le permite al autor armar una historia que no tiene principio ni final. El libro podría comenzar en cualquier recuerdo y no terminar nunca. Su material es como el tiempo: infinito. Por la misma razón, el autor toma en algunos episodios a personajes menos relevantes y los abandona en cualquier momento, sin explicación: son rastros casi fantasmales que han quedado en la memoria del protagonista, con una presencia breve y  por lo tanto fácilmente olvidable.

En esta novela, somos testigos de todas las formas del tiempo que puede percibir un individuo: los minutos frenéticos y tal vez demasiado breves de un acto sexual, las horas penosas y eternas de angustia, el tiempo melancólico de contemplarnos y constatar las transformaciones de la vejez. Es decir, que al final del libro no hay una sola lectura acerca del tiempo. Hacia el comienzo el narrador se define como “cronofóbico”:


«Apareció el insomnio y el terror de no poder salir de la nube negra en la que estaba, y en la que no pasaba nada salvo que el tiempo se iba, cayendo pesadamente al mismo abismo del que había salido (esa noche me volví cronofóbico y, tal vez, nació este libro). Era la angustia típica que produce el tiempo cuando se lo ve pasar en vano, surgida de lo que todavía no llega, y de lo que aun no se va, y que provoca un estrés vago y específico, el de estar aquí, ahora, en la nada del presente: una nada vivida».
Juan ve el paso del tiempo en el deterioro de la casa familiar y de su propio padre, en el fin del amor y en la muerte. Pero el tiempo también se configura como medio de recomposición de relaciones sociales, como la posibilidad de reiniciar una vida distinta, es la posibilidad de construir recuerdos y en contraposición también permite el olvido. El personaje que sufre la transformación más profunda es el padre de Juan:


«En pocos días desapareció hasta el último rastro del padre malhumorado, cruel y misógino que tuve durante tantos años y aun tengo como un monumento en mi memoria (borrar la primera imagen que se tiene de alguien: lo más difícil del mundo). […] El plan salió a la superficie como un pensamiento en voz alta: “Che, estaba pensando, me vuelvo a casa, voy a hablar con el plomero para que me vuelva a conectar el agua y me saque las manchas de humedad; y si hay que tirar abajo una pared y levantar una nueva no tengo problemas […] Qué tanto joder. ¿Ya es hora, no? Viste cómo es esto. La vida te va cambiando”».    

Es decir que el tiempo mata pero también sana.

FILBA-2017-01

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