HISTORIAS MÍNIMAS DE ALICE MUNRO

Por: Florencia Puddington

Alice Munro es una señora delgada y sonriente. En diferentes entrevistas la escucho hablar, deteniéndose para buscar adjetivos adecuados y definiciones precisas, y pienso que podría ser mi abuela, por sus modales calmos y cierta pacífica actitud que se alcanza solo a una edad avanzada. Es humilde para describir sus logros y aspiraciones, y su interés literario –ella no evita confesarlo- no es académico. En su historia personal hay algunos años de estudios universitarios y vínculos con letrados e intelectuales. Aunque también hay una infancia en el campo, marcada por la depresión económica, y años apacibles de actividades de ama de casa, colaborando en la librería que junto a su marido llevó adelante por algún tiempo. Entre esas actividades rutinarias encontró espacios libres para escribir, como una actividad recreativa, sin sueños de grandeza. Sin embargo, logró que sus cuentos desprendieran reflexiones universales que nos representan como seres humanos, en toda nuestra complejidad.

las lunasThe Moons of Jupiter, es un libro de 2010, que reúne doce cuentos, muchos de los cuales habían sido publicados en revistas o diarios, individualmente entre los años 1977 y 1982. El estilo de Munro es sencillo y original. Los cuentos rescatan las miserias de la vida de pequeños hombres y mujeres de los suburbios canadienses, en los que pone en juego recuerdos personales, anécdotas o historias que escuchó alguna vez.

La experiencia personal ficcionalizada, manipulada por la escritora, es el hilo conductor de sus historias. Elige como protagonistas personajes que no destacan en nada, y pone el foco en los sentimientos y actitudes que los invaden cuando se enfrentan a problemas que no son inusuales en la vida corriente: los desencuentros amorosos, la madurez, la muerte, las relaciones familiares, las diferencias sociales.Diría que lo más hermoso de sus narraciones proviene de esta sencillez de sus escritos: es imposible no identificarse con algunas de las reflexiones o reacciones de sus personajes cuyas vidas comunes, podrían ser las de cualquiera. Como ella misma ha afirmado, cualquier vida puede ser interesante, aunque vale también aclarar que no cualquier historia lo es.

Justamente, este es otro aspecto de su sencillez estilística: la elección de un vocabulario despojado que a la vez, encuentra modos originales de expresar las características de sus personajes. Son las observaciones del narrador las que permiten descubrir la belleza leve, sutil en los pequeños actos cotidianos. En Chaddeleys and Flemings, el primer cuento del libro, se narra una historia familiar en un pueblo humilde de Canadá. La narradora rememora el episodio de la visita de sus cinco tías, primas de su madre, en lo que sería el último reencuentro de todas ellas. Para describir la personalidad  de estas mujeres, la autora elige un peculiar rodeo, que resulta más completo y atractivo que una simple descripción física de sus características particulares:

          “Señoras mayores es un término demasiado holgado, que no logra describirlas por completo. Sus pechos eran pesados e intimidantes —como una armadura personal— y sus vientres y espaldas cargados y encorsetados como los de cualquier mujer casada. En aquellos días parecía ser cosa del cuerpo de las mujeres el hincharse y madurar hasta alcanzar una buena talla veinte si habían logrado hacer algo de sus vidas; luego, de acuerdo a su clase y aspiraciones; podía o bien caerse y volverse flácido, temblar como crema debajo de vestidos de estampados pálidos y húmedos delantales, o ceñirse en una silueta cuyas firmes curvas y orgullosos flancos no tenían nada que ver con la sensualidad y todo que ver con los derechos y el poder”.

Tal vez sea ese desinterés por lo académico, que a veces se vuelve ampuloso y exigido, lo que le permitió afinar el ojo e identificar ciertas emociones o sensaciones que nos sorprendemos al reconocer en sus escritos porque nos resultan cercanas y verdaderas. Lo que nos permite afirmar que en literatura no siempre —casi nunca— se trata de “sobre qué” escribir sino de “cómo” hacerlo.

Los cuentos de The moons of Jupiter están cargados de melancolía y un tipo de tristeza suave, delicada. Tienen el tono de la pérdida, de la añoranza de lo que fue y ya no es, y de lo que podría haber sido y no fue. Las relaciones interpersonales son el eje, en muchos casos.

Dulse narra el viaje de vacaciones de una mujer divorciada con intenciones de rehacer su vida a una isla de la costa canadiense. Allí Lydia repasa la relación que tuvo con su ex por quien fue rechazada, y a la vez desacredita a Vincent, con quien tal vez era posible establecer un lazo amoroso. La dificultad de generar el vínculo perfecto con alguien radica en que el ser humano es imperfecto. Mr. Stanley, otro huésped del lugar está fascinado con la escritora Willa Cather, quién solía vivir en aquel lugar. Su amor por la escritora es ideal, porque construye una imagen de ella a su medida, eliminando imperfecciones y aspectos que pudieran disgustarle.

“Ahora ya no creo que los secretos de la gente sean claros y comunicables, o que sus sentimientos sean definidos y fáciles de reconocer. No creo eso”. Asegura la narradora de A stone in the field quien repasa la vida de las hermanas de su padre tratando de comprender su peculiar estilo de vida.

Los cuentos de Munro expresan la certeza de que los vínculos entre hombres y mujeres, padres e hijos, son erráticos y difíciles, y de que un encuentro verdadero, un intercambio real entre unos y otros es imposible, o al menos improbable.

Alice Munro

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