UNA LARGA Y DOLOROSA DESPEDIDA

Por: Florencia Puddington

Cuando me regalaron El salto de papá, unos meses atrás y vi que la portada incluía una faja roja que decía: CUARTA EDICIÓN EN 40 DÍAS. «Un libro único», Revista Ñ, desconfié inmediatamente de la calidad de su lectura, amparándome en el que creo que es uno de los principales mandamientos de todo lector: evite los libros sobre-promocionados, porque suelen estar sobrevaluados. Puedo decir sin embargo, que, en este caso, aun con una serie de reparos, se trata de un libro a fin de cuentas, interesante.

 

libros-2550331w300        Martín Sivak es sociólogo, periodista, y en este libro: hijo. En una suerte de extensa crónica, el autor intenta explicarse las razones del suicidio de su padre, ocurrido 27 años atrás. Para esto, reconstruye distintos momentos de la vida familiar, y las diversas facetas de su padre a través de recuerdos personales y los testimonios de empleados, parientes, amigos que tuvieron un trato más o menos cercano con él.
Las razones de las cuatro ediciones en 40 días las desconozco, verdaderamente. Y fue una pregunta que me cruzó la cabeza con frecuencia a lo largo de su lectura: ¿Por qué gustó tanto?
Nuestro protagonista, el fallecido Jorge Sivak, era una persona peculiar, de acuerdo a lo que se describe a lo largo de las trescientas páginas que dan forma al libro. Un banquero con ideales comunistas que, sin embargo, disfrutó siempre que pudo las delicias de la vida burguesa, y cuya ideología se reflejó, aparentemente, poco más o menos en: una breve experiencia como  guerrillero en su juventud, unas clases de marxismo que tomaba —y en las que gustaba de ofrecer su lectura personal sobre su participación en la agrupación de izquierdas, de joven—, alguna actitud de condescendencia respecto a empleados-amigos poco eficaces en el ámbito de las empresas familiares que tenía a su cargo; su poca predisposición a la higiene personal y rechazo por la vestimenta elegante; y su falta de visión para hacer negocios provechosos que permitieran mantener el negocio familiar a flote.
Un diletante, un soñador, un antihéroe. La crónica de la vida del protagonista, descripta desde el punto de vista de su hijo se complementa con una serie de tediosas entrevistas a gente que tiene buenos recuerdos de él, repitiendo en una página y la siguiente lo bueno que era, lo excéntrico que era, lo genial que era.
Salvando los aspectos que hacen a la intimidad familiar, ciertos conflictos internos a partir del secuestro de Horacio Sivak, hermano del suicidado y tío del autor del texto, más algunos datos de color que aportan las historias de los intentos de intervención política del protagonista y sus roces con “gente del poder”, que vuelven un poco más interesante la historia, el libro en su mayoría es un homenaje, tal vez un reflejo del duelo personal que un hijo hizo por muchos años, al no poder explicarse del todo lo que había ocurrido con su padre. Desde este punto de vista, entendí fácilmente por qué fue escrito, pero me resultó un enigma por qué fue publicado y mucho más me extrañó su éxito (?) editorial.
Al final del libro, se han expuesto ya una gran variedad de posibles respuestas al enigma con el que comienza, y el autor parece inclinarse por una de índole ideológica, que funciona muy bien para terminar de construir esta figura de hombre honorable que se intenta reivindicar.
Porque no hay forma de confirmarla, porque la lectura que un hijo puede hacer sobre su padre siempre será profundamente subjetiva y porque no importa en realidad, esta posible explicación es intrascendente. Lo que es en verdad valioso del libro llega en estas últimas páginas, en las que los herederos de esta historia familiar tan magullada (el autor y su hermano, Gabito), reflexionan con honestidad brutal acerca de lo que sienten por su padre y en lo que se convirtieron después de su suicidio. Y ahí sí esta crónica, que también es un relato de la investigación que permitió la concepción del libro, se vuelve conmovedora, y se explica a sí misma. Porque si es difícil dejar ir a nuestros padres cuando les toca, ellos que tienen el 90% de la culpa de que seamos como somos, más dura e inexplicable se vuelve la muerte cuando fue una elección libremente tomada. Más difícil su aceptación y superación.
No sé por qué tanta gente eligió y recomendó este libro. Pero esas reflexiones finales reivindican su interés ya no como una extensa conmemoración de la vida de su protagonista, sino de la trabajosa experiencia de los que enfrentaron su pérdida.
«Siempre seguiría sintiendo cosas vinculadas con él, con su muerte; siempre me resultaría difícil escribir sobre eso. Suponía que la gran pregunta infantil, “¿Por qué nos abandonó?”, había sido reemplazada por algo distinto: el intento de comprender por qué se había suicidado y cómo había sido su vida. Pero la pregunta infantil me rondaba, reaparecía a veces cuando la tristeza asediaba, y otras veces de la mismísima nada: “¿Por qué papá se tiró por la ventana y nos dejó huérfanos?”».

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